¡Bendito seas por siempre, Real Betis!
Bendita sea la fortuna de que los béticos, después de haber sufrido lo indecible, disfrutemos un poquito de nuestro glorioso equipo. Bendito sea que un entrenador de la tierra ponga los puntos sobre las íes a una plantilla que desconocía que Triana limita al norte, con un tejar de alfareros. Bendito sea el viejo arrabal, bañado por el Guadalquivir con “agüita de arte”, donde Paco Chaparro echó los dientes mientras el Betis era goleado por todos los campos de España, camino de Segunda. Bendito sea Odonkor por decir que quiere irse. Bendito sea el día que se vaya. Y bendita sea, por los siglos de los siglos, esta afición, capaz de tragarse tantas piedras de molino como el molinero del Fontanal les puso y les pone en la patena de las falacias y las engañifas… Y digo “les” porque, de verdad, a mí no me caben más, estoy hartito. Os lo juro por Hugo, el perro de Lopera. Así que me voy pa’ Gijón que bendito sea nacer bético.
Deshojemos la margarita con el Valencia
No se trata de lo conseguido, se trata de cómo se consiguió. Parece que para la mayoría la cuestión es seguir en la pomada sea como sea. Yo deseo que cuanto antes este equipo, cual ave fénix, renazca de sus cenizas y nos haga disfrutar como lo hizo el miércoles nuestra selección nacional. Fútbol de quilates, elegante y de mucha calidad. Sin duda, este es el auténtico camino para que se despierten los sentidos de los buenos aficionados, que ya no sabemos dónde empieza y termina el verdadero espíritu de este deporte. A pesar de los cacos que asaltan los hogares de nuestros chicos, la temporada sigue su camino como empezó, positiva en resultados pero sin convencer con nuestro juego. Podría ser que este fin de semana deshojemos la margarita ante un Valencia que por momentos pareció un rival difícil de batir pero al que este Sevilla de Jiménez, con el apoyo incondicional del Sánchez Pizjuán, ganará… aunque no sabemos cómo.